Bosnio llega una madrugada de niebla a una estancia venida a menos para trabajar. Su nueva patrona, Vilma, es una mujer entrada en años que más que un peón necesita de alguien dispuesto a escucharla. Por su relato desfilan cabras negras que son, a su vez, hormigas; catorce hermanas de trenzas largas; una mujer china que cultiva duraznos; un caballo de nombre Ferrocarril. La verborragia de Vilma se contrapone al mutismo de Bosnio, que se limita a sacar fotos obsesivamente con su celular. El horizonte nublado del campo y la errancia oral de ella se amalgaman en un paisaje fantasmal, en el que lo real y lo fotografiado desdibujan sus contornos y se vuelcan unos sobre otros. La niebla avanza y deja vislumbrar que todo origen de una narración tiene que ver con la posibilidad de darle un soporte a lo visto. Como una vieja fotografía que se corroe con el paso de los años, La mirada es más órgano que el ojo busca en sus personajes pistas para leer cómo sedimenta la memoria e indagar de qué naturaleza es el puente que une las imágenes con las palabras.

"Mirar sin ver, y sin embargo ver. Hablarse con dos lenguas distintas, y sin embargo entenderse. Violeta Kerszberg narra con sutileza un mundo que parece flotar, casi como si se lo soñara. Pero que tiene detrás una historia tan real y tan concreta que no deja de aparecer, tangible como sus huellas. Relatos y fotografias insisten en La mirada es más órgano que el ojo, porque son recursos para una memoria que se sabe acechada de olvido. ¿Cómo contar, no ya un recuerdo, sino la formación del recuerdo? Como lo hace Violeta Kerszberg: con lirismo y maestría." MARTÍN KOHAN

LA MIRADA ES MÁS ÓRGANO QUE EL OJO - VIOLETA KERSBERG - ALQUIMIA

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Bosnio llega una madrugada de niebla a una estancia venida a menos para trabajar. Su nueva patrona, Vilma, es una mujer entrada en años que más que un peón necesita de alguien dispuesto a escucharla. Por su relato desfilan cabras negras que son, a su vez, hormigas; catorce hermanas de trenzas largas; una mujer china que cultiva duraznos; un caballo de nombre Ferrocarril. La verborragia de Vilma se contrapone al mutismo de Bosnio, que se limita a sacar fotos obsesivamente con su celular. El horizonte nublado del campo y la errancia oral de ella se amalgaman en un paisaje fantasmal, en el que lo real y lo fotografiado desdibujan sus contornos y se vuelcan unos sobre otros. La niebla avanza y deja vislumbrar que todo origen de una narración tiene que ver con la posibilidad de darle un soporte a lo visto. Como una vieja fotografía que se corroe con el paso de los años, La mirada es más órgano que el ojo busca en sus personajes pistas para leer cómo sedimenta la memoria e indagar de qué naturaleza es el puente que une las imágenes con las palabras.

"Mirar sin ver, y sin embargo ver. Hablarse con dos lenguas distintas, y sin embargo entenderse. Violeta Kerszberg narra con sutileza un mundo que parece flotar, casi como si se lo soñara. Pero que tiene detrás una historia tan real y tan concreta que no deja de aparecer, tangible como sus huellas. Relatos y fotografias insisten en La mirada es más órgano que el ojo, porque son recursos para una memoria que se sabe acechada de olvido. ¿Cómo contar, no ya un recuerdo, sino la formación del recuerdo? Como lo hace Violeta Kerszberg: con lirismo y maestría." MARTÍN KOHAN